Loanny Picado

“Lo mejor que tienen los sueños es que se pueden hacer realidad”, es una de las frases célebres de Ludwig Guttmann, quien fuese fundador de los Juegos Paralímpicos. Y es que en la búsqueda de esos sueños estos atletas han logrado hazañas inolvidables en estos II Juegos Deportivos Paracentroamericanos Managua 2018.

La tarde de este domingo, mientras los rayos del sol iluminaron el Polideportivo España, se dió por clausurado el evento deportivo que reunió a más de 300 almas de seis naciones distintas de Centroamérica. Estos súper humanos nos dejaron una gran lección de vida.

Durante estos juegos vivimos momentos memorables. Unos tritones que se movían como peces en el agua en el complejo de piscinas Michele Richardson. La ausencia de sus brazos, o alguna de sus extremidades, no importaron porque “el querer es poder”, y bajo esa convicción, estos nadadores, agitaron esas aguas para alcanzar la gloria.

El Estadio Olímpico del IND fue el escenario donde los atletas mostraron sus destrezas en las competencias de pista y campo. Allí envueltos en las sombras, privado de la vista desde su nacimiento, Oscar Raxon de Guatemala se vistió de oro en tres ocasiones en las carreras de 800, 5000 y 1500 metros en T11.

Uno de los que más cautivó por su carisma y esfuerzo, fue el nicaragüense Gabriel Cuadra Holmann, que debutó en estos Paracentroamericanos en una nueva clasificación T38 y que ganó la presea dorada en los 800 y 1500 metros. Al igual que Luis Prado que fue el hombre más veloz en los 100 y 400 metros planos T38.

Panamá apabulló en el atletismo, Olbeniz Atencio y Ana Galvez fueron unos linces en la pista y se coronaron en sus tres respectivas pruebas en la competencia. Sin embargo, nadie puede olvidar el abrazo del alma, entre el guatemalteco Wilson García y su compatriota, ambos con ausencia de brazos, pero que sus vibrantes alegrías nos invitaron a sonreírle a la vida no importando las dificultades.

Nada es imposible. El Boccia fue incorporado por primera vez en estos juegos Paracentroamericanos y quizás fue la disciplina que nos dejó con el mejor aprendizaje. Más allá de su complejidad, de perder o ganar, estos súper humanos que compiten sentados en sus sillas y algunos con parálisis cerebrales severas, nos muestran que poseen un alma motivadora y sacrificio, superando los obstáculos y confiando en ellos mismos para que no haya imposibles.

En el Boccia se brillaron los salvadoreños Gerardo Reyes en la categoría BC1 y Mario Ernesto Sayes en BC2, dos grandes exponentes del Boccia que a futuro podrían destacar fuera del área centroamericana. Por otra parte, estaban esos atletas que tienen discapacidad visual, pero con un sentido auditivo ultra desarrollado en el Goalball. Nicaragua y Guatemala protagonizaron en ambas categorías unas finales de infarto, en el que más allá del ganador, se jugó con alma y corazón.

Jugar baloncesto en silla de ruedas es quizás más complejo de lo que se puede apreciar. Las selecciones enardecieron las gradas por su destreza y calidad de juego para luchar por el triunfo. Esos mismos atletas que un día por circunstancias del destino tuvieron que depender de una silla para movilizarse, en la cancha fueron gladiadores, salvajes y aguerridos.

Los Juegos Paracentroamericanos dejaron muchas lecciones, más que las deportivas, fueron enseñanzas de vida. Gracias Súper Atletas por sus titánicos esfuerzos y por ser héroes y ejemplos de superación, porque a como decía Pierre de Coubertin, Fundador de los Juegos Olímpicos: “Lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo”.