Loanny Picado

El mundo siempre ha tenido un solo color para el guatemalteco, Oscar Raxon, treces veces medalla de Oro en atletismo en estos II Juegos Deportivos Paracentroamericanos Managua 2018.

Raxon nació sin visión, sus ojos no han logrado apreciar los colores y tonos de este planeta, pero puede sentirla a través de sus pies y manos, cada vez que cosecha sus verduras y hortalizas en el patio de su casa.

De su boca, solo pueden salir palabras de agradecimiento a Dios por los triunfos logrados y el aliento para las personas que tienen alguna discapacidad. Proveniente de una familia humilde de Guatemala, Raxon es hijo único. Sus padres han sido todo para él y asegura que son el más grande tesoro que le ha dado la vida.

Sin embargo, en el 2016, justo cuando competía en los Juegos Paralímpicos en Río de Janeiro, recibió una noticia que golpeó su vida. La mujer que lo sacó adelante, su mamá, había fallecido.

“Faltaba un día para competir y yo estaba entrenando cuando me dieron la noticia. Fue un duro golpe, y cuando corrí en la pista, solo pensaba en ella”, dice. A sus 36 años, Raxon vive solo, tras la muerte de su madre. Ahora la pista de atletismo se ha convertido su casa, su escape y lugar de trabajo.

“Llevo más de 15 años corriendo, la pista ha sido el lugar donde me he criado. Mi mamá me venía a ver en las competencias competía, yo no tengo otro empleo más que correr. No soy rico, vivo humildemente, pero estoy en paz y feliz de correr”, explica.

Oscar fue uno de las figuras más galardonadas del atletismo en estos Juegos Paracentroamericanos. Ganó tres preseas doradas, en los 5 mil, 800 y 1500 metros planos T11, sin duda alguna regresa a su país natal con alegría y orgullo.

“Uno no debe darse por vencido, en esta vida hay que luchar siempre. Si uno cae, hay que levantarse y seguir, porque la vida se debe apreciar, es un regalo que Dios nos dió”, expresa.